La angustia

El pasado domingo, en el transcurso de la segunda parte ante el Málaga, cuando todavía el marcador reflejaba una victoria del Valencia, se instaló en mi cuerpo una angustia que ya había aparecido en mi vida en otras dos ocasiones. La primera vez fue tras perder en San Mamés en 2008 en el último partido de Ronald Koeman en el banquillo. Aquella angustia no desapareció hasta que el equipo dirigido por Voro confirmó la permanencia.